domingo, 6 de septiembre de 2026

"Modelo jaula y letrina": las familias de Barreiro piden paralizar el parque canino de 170.000 euros y reclaman a BNG y PP que fuercen su revisión

"Modelo jaula y letrina": las familias de Barreiro piden paralizar el parque canino de 170.000 euros y reclaman a BNG y PP que fuercen su revisión

El colectivo "Por un Parque Canino Funcional en Barreiro" exige la suspensión cautelar del expediente de contratación y denuncia que, en una ciudad con casi 50.000 perros censados, la mayor población canina de Galicia, la participación ciudadana ha quedado reducida a "papel mojado"

Vigo, 3 de septiembre de 2026. El grupo de más de un centenar de familias con perros de Barreiro-Lavadores que desde marzo de 2025 reclama la revisión del proyecto municipal del parque canino de Barreiro ha hecho público hoy un doble llamamiento, coincidiendo con el anuncio del Concello de Vigo de licitar las obras de esta instalación por un importe aproximado de 169.000 euros y una superficie de 1.105 m². El colectivo solicita públicamente dos actuaciones concretas:

    1. La paralización del expediente de contratación del parque canino de Barreiro, al menos hasta que se realice una revisión técnica del proyecto, se valore formalmente la alternativa vecinal de 2.200 m² y se dé una respuesta expresa, motivada y solvente a la propuesta registrada el 10 de marzo de 2025.

    2. La implicación activa de los grupos municipales de la oposición, en particular BNG y PP, a los que el colectivo pide que soliciten explicaciones al Gobierno local, reclamen acceso íntegro a la documentación técnica y administrativa del expediente, y exijan que el proyecto sea revisado antes de que la contratación quede definitivamente comprometida.

Para las familias afectadas, lo que está en juego trasciende los metros cuadrados de un parque: es, dicen, "el termómetro más preciso de la calidad democrática municipal". Existe, sostienen, una paradoja singular en el Vigo de 2026: una ciudad que alberga cerca de 50.000 perros registrados —la mayor población canina de Galicia— se ve envuelta en un conflicto que revela un modelo de gestión que confunde consulta con participación, eficiencia con sordera institucional, y modernidad con la perpetuación de esquemas urbanísticos obsoletos envueltos, en palabras del propio colectivo, "en el celofán de la innovación urbana".

Una promesa de nueve parques que empezó a torcerse en Barreiro

El 9 de diciembre de 2024, el alcalde Abel Caballero anunció una red de nueve parques caninos municipales —Navia, Faisán, Barreiro, Ribadavia-Pizarro, A Bouza, Atalaia, María Xosé Queizán, Avenida Castelao y O Calvario—, con una inversión conjunta anunciada de 628.700 euros. Barreiro fue la primera ubicación designada, presentado como el buque insignia de toda la red, con una superficie prevista de 1.105 m². La cifra generó inquietud desde el primer momento entre las familias con perros de Lavadores, un barrio de 17.442 habitantes donde, según estimaciones vecinales basadas en la proporción general de un perro por cada seis habitantes de la ciudad, conviven cerca de 3.000 perros.

El 13 de febrero de 2025, el Concello lanzó una consulta ciudadana online para recoger opiniones sobre la futura red. La encuesta, sin embargo, no permitía valorar la idoneidad de los emplazamientos ni cuestionar las dimensiones propuestas: se limitaba, denuncia el colectivo, a recabar preferencias sobre aspectos secundarios de una propuesta ya cerrada, "un referéndum sobre el color de las paredes cuando lo que estaba en discusión era la arquitectura del edificio". Con 894 respuestas sobre una población potencialmente afectada de más de 96.000 personas —dos cuidadores por cada uno de los 48.170 perros censados en Vigo—, la muestra apenas representó el 1% de los directamente implicados, un porcentaje que, por sí solo, cuestiona la representatividad de todo el ejercicio.

Durante ese mismo periodo, voces expertas empezaron a señalar públicamente los riesgos de un diseño insuficiente. La veterinaria especializada en comportamiento canino Xiana Costas advirtió en La Voz de Galicia de la conveniencia de que estos espacios sean, en sus palabras, "lo más amplios posibles", subrayando que suelen resultar demasiado pequeños para cómo se relacionan realmente los perros entre sí.

La propuesta de 108 familias: "no era una queja, era una contrapropuesta"

El 10 de marzo de 2025 —el mismo día en que el Concello difundía los resultados de su consulta alegando "alta aceptación"— el colectivo registró por vía municipal una propuesta técnica alternativa avalada por 108 familias de Barreiro-Lavadores. Las propias familias insisten en cómo describen ese documento: no era una queja, era una contrapropuesta, elaborada por quienes mejor conocen las dinámicas reales de uso del espacio, avalada por más de un centenar de firmas y económicamente viable sin incremento significativo del presupuesto previsto. No era, subrayan, un trabajo amateur: incorporaba criterios profesionales, análisis de costes, estudios de ubicación y fundamentos técnicos que cualquier consultoría especializada habría facturado como un encargo profesional.

La propuesta planteaba duplicar la superficie hasta los 2.200 m², cifra que su fundamentación etológica señala como el mínimo necesario para que un parque canino sea funcional, y reubicar la instalación en una zona más tranquila del propio parque de Barreiro, alejada del tráfico rodado y de las instalaciones deportivas ruidosas, aprovechando un espacio que muchas familias ya utilizaban espontáneamente con sus perros. La coincidencia temporal entre la propuesta vecinal y la difusión de los resultados de la consulta municipal no pasó desapercibida: las familias firmantes lo interpretaron como un intento de cerrar el debate técnico antes de que pudiera ser considerado.

Lo que siguió fue silencio. Entre abril y julio de 2025, el Concello no ofreció explicación técnica ni argumento alguno que justificase el descarte de la propuesta: cinco meses que, sostiene el colectivo, constituyen por sí solos "una declaración de intenciones más elocuente que cualquier comunicado oficial". El 28 de agosto de 2025, el alcalde anunció que la Junta de Gobierno Local aprobaría el proyecto original sin ningún cambio, sin motivar el rechazo de la alternativa vecinal, dejando claro —denuncian las familias— que la consulta había sido "una operación cosmética diseñada para legitimar decisiones previamente adoptadas".

"Como gallinas encerradas": la protesta que midió el terreno

Ante el anuncio, las familias hicieron público su rechazo el 1 de septiembre de 2025 mediante un comunicado que calificaba de "incoherencia institucional" abrir un proceso de participación para después no atender ninguna de sus aportaciones. Dos semanas más tarde, el 14 de septiembre de 2025, decenas de familias con perros llevaron a cabo una concentración simbólica en la que delimitaron físicamente sobre el terreno el espacio exacto que ocuparía la instalación proyectada, para visualizar ante los medios y la propia vecindad lo reducido de sus dimensiones reales.

La concentración se llenó de pancartas —"Unidos por un parque canino digno", "Os cans queren herba, os cans queren terra", "Por un parque de verdad, no un corral de ciudad", "Menos agility y más espacio abierto"— y de frases que resumían el malestar acumulado. Una de las vecinas presentes lo expresó así: sus perros no entienden de política, pero sí notarán si pueden correr o si quedan "encerrados como gallinas".

Una respuesta municipal que las familias han desmontado punto por punto

Tras la protesta, el Concello sí reaccionó: a finales de septiembre de 2025 emitió una respuesta pública a las objeciones planteadas. Pero, según ha documentado exhaustivamente el colectivo, se trató de una réplica que reutilizaba casi literalmente los modelos de respuesta empleados para quejas individuales del servicio municipal 010, y que acumulaba errores materiales difíciles de sostener: alegó riesgo de procesionaria en una parcela donde solo hay un pino —cuya eventual plaga sería, en cualquier caso, responsabilidad municipal—; invocó un "efecto túnel" acústico en un recinto completamente al aire libre; confundió un pequeño manantial con un río cercano; y, para justificar que la ubicación propuesta por las familias con perros debería contar con aparcamiento propio, citó como modelo el parque canino municipal ya existente de Pontenova, una instalación que en realidad carece de aparcamiento propio.

El "modelo jaula y letrina": una red diseñada al mínimo

Esa misma respuesta amparaba el diseño de Barreiro en la guía técnica NTJ 15G, de 2015 —una normativa de jardinería orientativa, no vinculante y que las familias consideran obsoleta—, que fija un mínimo de referencia de apenas 442 m². El propio Concello reconoció que los 1.105 m² de Barreiro "multiplican por 2,5" ese mínimo. El colectivo replica que ese argumento se derrumba en cuanto se observa el resto de la red: Pizarro (365 m²), Atalaia (380 m²), Castelao (331 m²) y Calvario (363 m²) no alcanzan ni siquiera ese mínimo de 442 m².

Las familias han bautizado esta forma de proyectar la red como el "modelo jaula y letrina": espacios mínimos de funcionalidad dudosa, concebidos, sostienen, desde criterios economicistas que privilegian multiplicar el número de instalaciones sobre garantizar su funcionalidad real. Lo resumen con una imagen directa: es la lógica del marketing político aplicada al urbanismo, porque nueve parques suenan mejor que cuatro, aunque los nueve terminen siendo disfuncionales y los cuatro hubieran podido ser verdaderamente útiles. A ello suman una crítica de fondo a la propia normativa invocada: la NTJ 15G data de una guía de jardinería de hace más de una década que no incorpora los avances contemporáneos en etología canina ni las dinámicas de socialización en espacios reducidos; basar en ella decisiones urbanísticas actuales equivale, dicen, a diseñar hoy una red de comunicaciones con criterios de la era pre-internet: técnicamente posible, funcionalmente obsoleto.

El dato que nadie ha aclarado: cuánto espacio les queda realmente a los perros

Más allá del debate sobre los 1.105 m² frente a los 2.200 m² propuestos por los vecinos, el colectivo insiste en una pregunta previa que el Concello no ha respondido: cuál es la superficie neta que realmente quedará disponible para que los perros corran y jueguen. El proyecto municipal no consiste en un recinto único, sino en dos recintos separados —"jaulas", en la expresión que emplean reiteradamente las familias afectadas—, y dentro de esos 1.105 m² brutos se instalarán vallado perimetral completo, mobiliario urbano, bancos, fuente, papeleras, red de recogida de pluviales, boca de riego y una zona de agility en madera. Ninguno de los documentos municipales publicados hasta la fecha desglosa qué porcentaje de esa superficie corresponde a espacio diáfano de esparcimiento y qué porcentaje queda ocupado por estos elementos.

"Construir primero, pensar después": el coste de oportunidad de un precedente

Para el colectivo, el conflicto de Barreiro no es un incidente aislado, sino la puesta en práctica de lo que describen como la "cultura del hormigón": construir primero y pensar después, tratando el espacio urbano como un lienzo en blanco sobre el que proyectar decisiones ya tomadas, en lugar de reconocer que ese espacio está habitado por comunidades con necesidades específicas y conocimiento acumulado. El coste de oportunidad, advierten, es considerable: los 169.000 euros destinados a Barreiro podrían haberse invertido en un espacio verdaderamente funcional, diseñado de forma colaborativa, capaz de servir como modelo replicable para el resto de la red. De consolidarse en cambio el mismo criterio en los ocho parques restantes, la ciudad habrá destinado más de medio millón de euros —sobre los 628.700 euros anunciados para el conjunto de la red— a una infraestructura concebida, sostienen, con criterios obsoletos y sin participación real de sus usuarios, lo que previsiblemente generará problemas de funcionalidad que a medio plazo exigirán nuevas inversiones para corregirse.

Marco legal invocado por el colectivo

Las familias fundamentan su petición, entre otras normas, en la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que exige que los espacios destinados al esparcimiento animal sean adecuados para su correcto desarrollo físico y emocional, y en la Ley 9/2017, de Contratos del Sector Público, que exige motivar la necesidad y adecuación de todo contrato público antes de su licitación. Recuerdan además que, conforme al artículo 124 de esa misma ley, una vez aprobados los pliegos y adjudicada la obra, cualquier modificación sustancial resulta administrativa y económicamente mucho más compleja: de ahí la urgencia de revisar el proyecto antes de que se consolide la contratación, y no después.

¿Qué es participar? La pregunta de fondo que plantea el colectivo

Más allá del expediente concreto, el colectivo sitúa el conflicto en un debate más amplio, que formula abiertamente como pregunta: ¿qué significa participación ciudadana en la democracia urbana contemporánea? ¿Es suficiente con habilitar un buzón de sugerencias digital, o la participación real exige procesos más sofisticados que incorporen el conocimiento ciudadano como elemento central de la toma de decisiones, y no como un trámite posterior a decisiones ya adoptadas?

Las familias sostienen que una administración inteligente debería tratar las propuestas vecinales fundamentadas como una suerte de "auditoría gratuita" de sus propios proyectos, y no como una interferencia en su autonomía decisoria. Ignorar ese conocimiento acumulado, insisten, no es solo una cuestión de cortesía institucional: es un despilfarro de capital social que una administración eficiente debería incorporar como activo estratégico, algo equiparable a "descartar el manual de instrucciones cuando se intenta reparar una máquina". Por eso reclaman evolucionar de lo que llaman "urbanismo del gesto" —la lógica del impacto mediático, de anunciar nueve parques porque suenan mejor que cuatro— hacia un "urbanismo de la convivencia", centrado en la funcionalidad real de los espacios y en quienes los usan a diario.

El llamamiento directo a BNG y PP

En este contexto, el colectivo ha decidido dirigirse formalmente a los dos principales grupos de la oposición municipal. A BNG y PP les pide que, en el ejercicio de su labor de control al Gobierno local, soliciten explicaciones públicas sobre por qué no se ha comparado técnicamente el proyecto municipal con la alternativa vecinal, reclamen acceso a toda la documentación del expediente —proyecto, memoria, presupuesto desglosado, informes técnicos y jurídicos, pliegos administrativos y técnicos— y exijan, antes de la adjudicación definitiva, una revisión del proyecto que dé respuesta motivada a las cuestiones planteadas.

El colectivo insiste en que su reivindicación no busca impedir la construcción de un parque canino en Barreiro, sino garantizar que los 169.000 euros de fondos públicos se traduzcan en una infraestructura que funcione realmente durante años: "No estamos planteando que no se construya un parque canino […] queremos que el dinero público se destine a una instalación que pueda funcionar adecuadamente", señalan en su comunicado a los grupos municipales.

Lo que piden ahora

En síntesis, y a la espera de la respuesta del Concello, de BNG y de PP, el colectivo "Por un Parque Canino Funcional en Barreiro" reclama:

    • La suspensión cautelar del expediente de contratación de las obras (169.000 €) hasta que se resuelvan de forma expresa y motivada las cuestiones planteadas. 

    • El acceso íntegro al expediente técnico y administrativo. 

    • Una revisión técnica independiente que compare de forma objetiva el proyecto municipal (1.105 m², dos recintos) y la propuesta vecinal (2.200 m², ubicación alternativa). 

    • La constitución de una mesa de diálogo técnico y vecinal, con participación de veterinarios, etólogos y educadores caninos independientes. 

    • Que se aclare, de forma desglosada, cuál es la superficie neta real disponible para el esparcimiento de los perros, una vez descontados vallados, mobiliario, accesos y zonas de agility. 

    • La implicación activa de BNG y PP para forzar esta revisión antes de que la obra quede adjudicada. 

El colectivo ha registrado un escrito formal ante el Concello y ante la Valedora da Cidadanía con estas mismas peticiones y sostiene que la respuesta que reciban "no determinará solo el futuro de los parques caninos de Vigo, sino la calidad de la democracia participativa en la ciudad". Pone a disposición de medios de comunicación y grupos municipales toda la documentación y cronología del conflicto a través de su blog.